INTRODUCCIÓN
En los últimos años han aparecido un gran
número de productos de aplicación tópica
para las enfermedades cutáneas de los pequeños
animales. Estos farmacológicos se distribuyen en
una diversidad de formatos de aplicación, los cuales
pueden resumirse en aquéllos útiles para
usar en superficies amplias (champús, lociones,
etc), y los utilizados en procesos localizados (cremas,
geles, aerosoles, etc), sin contar los nuevos productos
que, aplicados sobre la piel, tienen un efecto a nivel
sistémico (pour on, spot on).
La utilidad terapéutica de
los productos tópicos es muy amplia, abarcando
antiparasitarios externos, antimicóticos, antisépticos,
antiseborreicos, etc. Vamos a excluir de esta revisión
los destinados a combatir las ectoparasitosis (pulicidas
(p.e. piretrinas) y acaricidas (p.e. amitraz) y las micosis
(p.e. enilconazol), a fin de centrar el artículo
en aquellos procesos en los que los detalles del tratamiento
con baños pueden ser algo más complejos
o menos conocidos.
Básicamente, vamos a describir
las posibilidades del uso de estos farmacológicos
en el tratamiento de las piodermas y de los trastornos
de la queratinización. Aunque no vamos a entrar
en ellos, debemos recordar que en procesos localizados
de esta naturaleza existen presentaciones tópicas
especialmente diseñadas para su tratamiento; baste
como ejemplo el acné, lesión focal que posee
caracteres tanto de pioderma como de trastorno de la queratinización,
y que se puede tratar con antibióticos (p.e. mupirocina),
retinoides (p.e. tretinoína), antisépticos
(p.e. peróxido de benzoílo) e, incluso en
algunos casos, corticoides (p.e. fluocinolona), todos
ellos en distintas presentaciones tópicas (pomadas,
cremas, geles, ungüentos, soluciones, etc).
Una vez ubicado el tema, debemos
concretar algunos términos a utilizar en esta revisión,
ya que no existe una definición clara de los distintos
formatos de aplicación tópica. Así,
y
a pesar de su posible incorrección, en este artículo
utilizaremos champú para aquellos productos que,
tras aplicarlos sobre la superficie corporal dejándolos
en contacto con la piel durante 5-15 minutos, se aclaran
o enjuagan; y hablaremos de lociones cuando se describan
soluciones terapéuticas que se aplican en la piel
dejando que el animal se seque al aire, sin aclararlo.
Cuando nos refiramos en general a la terapia tópica
en amplias áreas de la piel usaremos el término
'baños'.
PRINCIPIOS GENERALES
Hasta hace unos pocos años
se necesitaba recurrir a los productos medicados para
baños de la farmacopea humana. Aunque actualmente
también están disponibles, siempre debemos
utilizar los fabricados expresamente para pequeños
animales ya que el pH de la piel de las personas es mucho
más bajo, y los champús y lociones deben
adaptarse a esta circunstancia. Además, hay que
tener presente que ciertos champús para personas
suelen fabricarse a concentraciones que son irritantes
para los animales de compañía (p.e. peróxido
de benzoílo), o bien provocan efectos secundarios
indeseables; así, la piritiona de zinc es un queratoplástico
que se usa en la seborrea humana, no debiéndose
utilizar en perros por el posible desarrollo de retinopatías.
Aunque los baños pueden ser
el único tratamiento en algunos procesos (pseudopiodermas,
procesos descamativos leves), lo más frecuente
es que se usen como un complemento a una terapia sistémica.
Se debe destacar que la terapéutica con baños
se realiza principalmente en perros, y con mucha menor
frecuencia en gatos debido a que estos últimos
no los toleran de buena gana.
Entre las ventajas que presenta
la aplicación de baños encontramos la rápida
mejoría, respecto de una sola terapia sistémica,
en la imagen exterior del paciente, lo que redunda en
una mayor satisfacción del propietario al ver la
evolución de su mascota. Evidentemente, desde un
punto de vista médico, la sola aplicación
de un baño, independientemente de los principios
activos que se añadan mediante champús o
lociones, produce unos beneficios a nivel de la piel (hidroterapia).
Entre estos se incluyen, además de la limpieza
de la piel, la humidificación del estrato córneo,
el ablandamiento de las costras existentes, la eliminación
de detritus, y la mejoría en el dolor y el prurito,
principalmente si se usa agua fría. Muchos de estos
efectos pueden ser intensificados al utilizar champús
o lociones adecuados para el propósito perseguido.
Obviamente, el empleo de baños
también tiene inconvenientes, el principal de los
cuales es el tiempo y trabajo que requiere; la administración
de varios baños semanales a un perro en casa, principalmente
si es de una raza grande o gigante, puede llegar a ser
una tortura para el propietario, a pesar de la mejoría
observada en su mascota. En estos casos, la disponibilidad
de proporcionar baños en la clínica favorece
la aceptación por parte del dueño de esta
terapia; además, es recomendable que la clínica
disponga de la posibilidad de ofrecer baños de
remolino, los cuales aumentan la eficacia cuando se pretende
eliminar costras y escamas, limpiar fístulas, o
reducir el dolor o el prurito, recomendándose en
el manejo de piodermas profundas y, en animales parésicos,
en la prevención y curación de úlceras
debidas al decúbito continuo, o causadas por la
maceración de la piel por el contacto continuo
con la orina.
Cuando se usan champús medicados
se debe tener presente que los ingredientes activos deben
estar en contacto con la piel el tiempo necesario, antes
de aclarar al animal. Es imprescindible instruir al propietario
del paciente para que mantenga a su mascota en contacto
con el champú el tiempo requerido, debiendo insistir
también en que el aclarado sea abundante, evitando
dejar residuos del champú, lo que podría
provocar irritaciones cutáneas. En el caso de las
lociones, al no enjuagar al animal tras su aplicación,
no existen estos problemas, aunque hay que asegurarse
de que el dueño entiende que no debe aclarar a
su mascota.
Esta diferencia entre champú
y loción es la que conduce a que ciertos agentes
terapéuticos se apliquen preferentemente en forma
de champú y otros como loción. Así,
respecto de las enfermedades que abordamos, los antisépticos
y numerosos antiseborreicos (ácido salicílico,
azufre y brea) usualmente se aplican como champús,
mientras que los hidratantes pueden venir como champús
si son humectantes, o como lociones en el caso de los
emolientes.
Las lociones tienen la cualidad
de dejar una capa de ingredientes activos sobre la piel,
teniendo un efecto más prolongado, aunque normalmente
antes de aplicar la loción se requiere usar un
champú, de higiene o medicado, y enjuaguar al animal.
Para hidratar la piel y conseguir
que los agentes activos actúen sobre la misma,
el tiempo mínimo de los baños debe ser de
5 minutos, aunque se recomienda una duración entre
10 y 15 minutos, controlada con reloj. La duración
del baño se empieza a contar desde que se ha enjabonado
toda la superficie del animal, siendo útil frotar
primero las áreas cutáneas más lesionadas,
repitiendo esta operación varias veces antes del
aclarado.
La aplicación de baños cortos y frecuentes no sólo no
hidrata la piel sino que la reseca. Tampoco se recomiendan
baños muy largos ya que existe el riesgo de maceración
de la piel. Finalmente, tras bañar al animal éste
debe secarse, bien con toalla o mediante el uso de secadores
con aire caliente.
USO DE BAÑOS EN PIODERMAS
En las piodermas, principalmente
las caninas, el uso de antisépticos tópicos
es, en unos casos, la terapia principal y, en otros, un
excelente complemento a una antibioterapia sistémica.
Como normal general, en los procesos muy superficiales,
como las pseudopiodermas (intertrigo, dermatitis aguda
húmeda), la aplicación tópica de
antisépticos es la base del tratamiento, no administrándose
generalmente antibióticos vía sistémica.
Sin embargo, en piodermas superficiales (impétigo,
foliculitis) extensas y en cualquier proceso profundo
(furunculosis, pioderma de los callos, etc), es fundamental
una adecuada antibioterapia sistémica, aunque la
aplicación de baños periódicos con
antisépticos disminuye el tiempo de recuperación
del animal y consigue rápidamente una mejora en
su bienestar.
El tratamiento antiséptico
produce una disminución de la población
bacteriana, principalmente del St. intermedius, microorganismo
responsable de aproximadamente un 90% de las piodermas
caninas; de esta manera favorece la resolución
inicial del proceso y, al limitar el número de
gérmenes que recolonizan la piel, también
previene la aparición de recurrencias, siendo un
componente fundamental en el manejo de las piodermas crónicas
recurrentes, recomendándose en estos casos la aplicación
de un baño semanal como tratamiento preventivo.
Evidentemente, el uso de champús
también mejora el estado del paciente al eliminar,
de la superficie corporal, detritus (costras, escamas,
etc) y sustancias inflamatorias, limpiar la piel y el
pelo, así como disminuir el prurito y el dolor.
En el caso de piodermas profundas, el tratamiento tópico
se favorece si se trasquila al paciente, recomendándose
el uso de baños de remolino o, en el caso de lesiones
más localizadas (p.e. pododermatitis), de fomentos,
ya que ambos métodos consiguen una mejor limpieza
de las fístulas.
La frecuencia inicial de los baños
depende de cada caso pero, como norma general, se aplican
2 ó 3 baños semanales de 5-15 minutos de
duración en los procesos superficiales, recomendándose
al menos un baño de remolinos diario, con una duración
de 15-30 minutos, en los procesos profundos.
Básicamente, en el mercado
existen cuatro agentes antisépticos para su uso
en baños: peróxido de benzoílo, clorhexidina,
yodo povidona y lactato de etilo, aunque existen otros
muchos champús con propiedades antibacterianas,
como los que llevan ácido salicílico y azufre,
pero cuya indicación principal son las seborreas.
No está del todo claro si
algún compuesto es superior al resto, aunque parece
ser que, según estudios comparativos, el peróxido
de benzoílo tiene un poder residual sobre St. intermedius
mayor que la clorhexidina (48 vs 29 horas), y mucho mayor
que los productos yodados (4-8 horas). Otro estudio, referente
al poder antimicrobiano sobre las bacterias de la superficie
de la piel del perro, indica que la clorhexidina es superior
al peróxido de benzoílo, siendo mucho peor
el lactato de etilo, producto en el cual incluso se ha
comprobado que permite el crecimiento de bacterias patógenas.
Sin embargo, un tercer estudio encuentra una eficacia
similar entre el peróxido de benzoílo y
el lactato de etilo en pseudopiodermas.
La mayoría de los dermatólogos
consideran, por lo tanto, que el peróxido de benzoílo
y la clorhexidina han demostrado una mejor eficacia que
el resto de principios activos, principalmente el primero
de ellos; además, en gran medida sus propiedades
son complementarias, con lo que la utilización
de uno u otro producto va a depender del paciente.
A este respecto, la característica
primordial del peróxido de benzoílo es que
presenta actividad estimulante del folículo piloso,
es decir facilita el drenaje de las secreciones de los
folículos, elimina los restos purulentos secuestrados,
disminuyendo la población bacteriana de los mismos,
y reduce la hiperqueratosis a nivel folicular. Este hecho
hace que, a priori, sea el agente ideal en los procesos
que cursan con infección de los folículos
(foliculitis y furunculosis) .
Sin embargo la aplicación
frecuente de champús con peróxido de benzoílo
reseca mucho la piel, lo que limita su uso salvo en animales
con la piel grasa. Este problema puede aliviarse aplicando
una loción hidratante tras el baño antiséptico
o bien utilizando un champú a base de peróxido
de benzoílo combinado con humectantes vehiculados
en liposomas, que recientemente se ha empezado a comercializar
en España.
También se debe tener presente
que alrededor de un 5% de los animales que se bañan
con champús a base de peróxido de benzoílo,
a las concentraciones adecuadas (2-3%), sufren reacciones
cutáneas (eritema, dolor, prurito). Esta frecuencia
se incrementa mucho, principalmente en gatos, cuando se
usan formulaciones inadecuadas para pequeños animales,
con concentraciones superiores al 5%.
La clorhexidina no tiene actividad
estimulante de los folículos pilosos, pero tampoco
reseca la piel a las concentraciones utilizadas, ni provoca
reacciones de irritación, además de ser
muy segura cuando se usa en felinos. En piodermas se aplica
al 0,5%, mientras que se debe incrementar hasta un 1%
cuando se usa frente a otros procesos cutáneos
(Malassezia pachydermatis); sin embargo, para la limpieza
de heridas su concentración no debe superar el
0,05-0,1%, debido a que retrasa la formación del
tejido de granulación.
En general se utiliza cuando la
infección no afecta a los folículos (p.e.
impétigo) o cuando no se recomienda el uso de peróxido
de benzoílo, en animales con la piel muy seca,
muy inflamada o irritada.
USO DE BAÑOS EN TRASTORNOS
SEBORREICOS
Los trastornos de la queratinización
agrupan una serie de procesos en los que existe una alteración
en la formación de las células queratinizadas
de la epidermis y/o en la síntesis de la capa lipídica.
Dentro de los procesos que afectan a una superficie extensa
de la piel se incluyen la seborrea primaria, displasia
epidérmica, adenitis sebácea, síndrome
de comedones del Schnauzer, ictiosis, distrofias foliculares,
y dermatosis sensible a la vitamina A.
En el tratamiento sintomático,
que no curativo, de estos procesos se usan champús
y/o lociones que combinan agentes queratoplásticos,
queratolíticos e hidratantes, siendo en la mayor
parte de estas ocasiones el tratamiento principal de la
enfermedad. Desde hace unos pocos años, en algunas
de estas enfermedades se ha empezado a utilizar con éxito
distintas sustancias retinoides, vía oral (etetrinato,
isotretinoína) y, en procesos localizados, tópica
(tretinoína).
Además, en muchas otras dermopatías
(parasitarias, endocrinas, alérgicas, etc) con
frecuencia el animal sufre un cierto grado de seborrea
secundaria, la cual se beneficia de la aplicación
de baños antiseborreicos.
La elección de qué
champú o loción es el más adecuado
en cada caso requiere definir si el proceso es más
o menos seco o graso, aunque puede haber animales que
tengan un cierto componente de ambos. Lo más frecuente
es que la seborrea sea seca, con la presencia de un exceso
de escamas grisáceas que no se adhieren a la piel
(escamosis).
Como ya hemos comentado, en la mayor
parte de los pacientes se usa una combinación de
champús y/o lociones con distintas características:
queratolíticas, queratoplásticas e hidratantes.
Los agentes hidratantes humidifican
y ablandan la piel, usándose en pieles secas. Incluyen
dos tipos de ingredientes activos, los humectantes (ácido
láctico, lactato de sodio, propilenglicol, urea,
glicerina, etc), aquéllos que favorecen la incorporación
de agua en el estrato córneo de la epidermis, y
los emolientes (aceites vegetales -coco, cacahuete, etc-,
ácidos grasos, lanolina) que se aplican tras humedecer
el estrato córneo y evitan que se pierda el agua
incorporada; estos últimos, evidentemente deben
ir en forma de loción.
La aparición en el mercado
de humectantes vehiculados en liposomas aumenta las posibilidades
terapéuticas ya que, según estudios americanos,
son superiores a los humectantes tradicionales en el tratamiento
de animales con piel seca. Los liposomas son estructuras
redondas con un núcleo central hueco, donde se
almacenan los agentes activos, y dos capas lipídicas
concéntricas; estas partículas consiguen
un efecto a más largo plazo debido a que se adhieren
al pelo y van liberando lentamente su contenido, a la
vez que se degradan y aportan los ácidos grasos
de su pared lipídica.
Los queratolíticos son aquellos
agentes que promueven la separación de la capa
córnea, ablandando los tejidos muy queratinizados,
favoreciendo su eliminación mecánica, mientras
que los queratoplásticos son los que normalizan
el proceso de queratinización. Muchos principios
activos poseen una actividad importante tanto queratolítica
como queratoplástica (sulfuro de selenio, azufre,
ácido salicílico -queratolítico al
3-6% y queratoplástico al 0,1-2%-), mientras que
otros primordialmente son queratolíticos (peróxido
de benzoílo) o queratoplásticos (brea).
A la hora de escoger un champú
es importante reconocer otras propiedades de cada compuesto,
como su capacidad desengrasante (elevada en el peróxido
de benzoílo y sulfuro de selenio, moderada en la
brea, y baja en el resto) y su poder de irritación
de la piel (mayor para la brea, peróxido de benzoílo
y sulfuro de selenio). También se debe recordar
la eficacia antiséptica y estimulante folicular
del peróxido de benzoílo, lo que le hace
ser en principio una mejor elección en displasias
foliculares, destacando a su vez que el azufre posee efecto
antibacteriano, antifúngico y antiparasitario.
Es útil intentar agrupar
los trastornos seborreicos en dependencia de la intensidad
de la escamosis y la cantidad de grasa que presenta la
capa, a fin de escoger inicialmente un tipo de tratamiento.
Shanley, en 1990, clasificó los procesos en cuatro
grandes grupos:
escamosis leve, no graso
escamosis moderada-intensa, levemente graso
escamosis moderada-intensa, moderadamente graso
escamosis leve, muy graso
Siguiendo esta clasificación podemos hacer una
elección inicial del tratamiento tópico,
si bien la opción final de un ingrediente u otro
dependerá de la respuesta del paciente a los baños.
En cualquier caso, en seborreas intensas, para evitar
irritar la piel es recomendable escoger al inicio un producto
un poco más suave y, si no va bien, pasar a uno
más enérgico.
En procesos con ligera escamosis, sin componente graso
lo único que se requiere es hidratar el estrato
córneo, por lo que van bien los champús
humectantes y las lociones emolientes, solos o en combinación.
Algunos autores consideran que en razas de pelo largo
van mejor los emolientes, mientras que en las de pelo
corto prefieren usar humectantes.
A este respecto es interesante destacar
que la aplicación tópica de champús
que contienen ciertos ácidos grasos (linoleico
y gammalinolénico) favorece la restauración
de la barrera cutánea a la permeabilidad del agua;
otros ácidos grasos, como el araquidónico,
también mejoran los estados de escamosis aunque
no la barrera acuosa.
En los casos en que la escamosis
sea más intensa, sin un importante componente graso,
primero se debe aplicar un champú que ayude a eliminar
las escamas y regular la queratinización, como
un champú que combine azufre y ácido salicílico
a concentraciones similares, ya que en este caso se considera
que actúan sinérgicamente los dos compuestos;
tras el aclarado sería conveniente aplicar alguna
loción emoliente, a fin de mantener hidratada la
piel más tiempo, y así retrasar la frecuencia
de los baños. Actualmente, en España, sólo
se dispone de un champú que contenga ácido
salicílico y azufre, sin brea, el cual además
lleva humectantes vehiculados en liposomas, por lo que
la aplicación posterior de una loción emoliente
se hace innecesaria.
En pacientes que presenten una escamosis
más o menos intensa acompañada de un componente
graso importante, en el primer baño se usará
un champú que, además de llevar azufre y
ácido salicílico, sume también brea,
ya que la misma es moderadamente desengrasante; al igual
que en el caso anterior, tras el aclarado sería
conveniente aplicar alguna loción emoliente, aunque
algunos dueños no entenderán que se le aplique
una loción aceitosa cuando su animal presenta una
capa grasa; en estas circunstancias se puede sustituir
por un segundo baño, en este caso con un champú
humectante.
Uno de los inconvenientes de los
champús que llevan brea es que pueden ser irritantes
para la piel e inducir fotosensibilización, por
lo que en caso de aplicarlos se debería escoger
primero aquéllos que tengan una menor concentración;
incluso algunos autores prefieren usar los champús
de peróxido de benzoílo antes que los de
brea; por estas mismas razones, a priori, no se deberían
aplicar champús con brea en gatos.
Finalmente, en los animales con
una capa muy grasa se utilizan los champús a base
de peróxido de benzoílo, ya que este compuesto
posee un elevado poder desengrasante. Si al cabo de unos
baños se observa que la piel queda excesivamente
seca, se pueden combinar el champú de peróxido
de benzoílo con uno que lleve azufre, ácido
salicílico y brea, bañando al animal cada
vez con uno distinto, o bien usar un champú a base
de peróxido de benzoílo combinado con humectantes
vehiculados en liposomas, lo que evita la sequedad de
la piel.
Es importante, en estos pacientes,
una vez controlado el exceso de grasa plantearse la posibilidad
de utilizar, para mantenimiento, un champú menos
desengrasante.
En los animales de pelo largo es
muy recomendable proceder a un trasquilado previo para
favorecer el tratamiento tópico de la seborrea.
Algunos autores preconizan, al objeto de ahorrar champú
medicado y mejorar el contacto de los agentes activos
con la epidemis, que en cada sesión los animales
primero sean bañados con un champú detergente
y, tras aclararlos, se aplique el champú antiseborreico.
La frecuencia inicial recomendada
de los baños es de 2 ó 3 semanales. Una
vez controlado el proceso (2-3 semanas si es leve, y más
en procesos intensos) se amplía el período
entre baños, siendo el propietario del animal el
que debe indicar cuándo se necesita bañarlo,
en dependencia de la aparición de escamas y, en
los casos de seborrea grasa, de olor. En general en casos
leves es suficiente con un baño mensual, pero en
procesos muy grasos puede necesitarse hasta uno cada 7-10
días.
Hemos dejado para el final los champús
con sulfuro de selenio, los cuales se utilizaron desde
hace muchos años en múltiples dermopatías.
Este agente también es un excelente antiseborreico
y desengrasante, pero a la vez es irritante en muchos
animales y con frecuencia excesivamente secante, por lo
que actualmente se usa mucho menos que antes, además
de estar contraindicado en gatos. Esto no quiere decir
que en algunos pacientes ocasionales pueda ser la mejor
alternativa terapéutica.
USO DE BAÑOS EN ATOPIA
La administración de baños
en ciertos procesos alérgicos como la atopia es básicamente una terapia coadyuvante, que tiene
como finalidad la eliminación, de la superficie
corporal, de sustancias irritantes y pruriginosas, y de
metabolitos bacterianos y alergenos, además de
hidratar el estrato córneo. Esto se puede conseguir
mediante baños, con periodicidad semanal, usando
champús que no sean irritantes. Generalmente se
utilizan los denominados "hipoalergénicos",
que contienen agentes hidratantes con baja capacidad irritativa,
incluso en pieles inflamadas, si bien nada indica que
no puedan provocar reacciones de hipersensibilidad en
algunos individuos.
Se sabe que los baños fríos,
así como ciertos principios activos (p.e. mentol)
tienen acción pruriginosa. Cuando se pretende disminuir
el prurito mediante la aplicación de baños,
es imprescindible que el propietario comprenda que debe
usar agua fría, ya que los baños templados
o calientes intensifican la inflamación de la piel
y, consecuentemente, la picazón.
En los últimos años,
principalmente en EE.UU., se han empezado a incluir nuevos
agentes antipruriginosos a los champús "hipoalergénicos":
avena coloidal, antihistamínicos H1 (difenhidramina),
anestésicos locales (pramoxina), y corticoides
(hidrocortisona). Sin embargo el efecto antipruriginoso
de estos compuestos es más duradero cuando se aplica
como lociones.
La eficacia de estos principios,
cuando se usan como lociones, parece ser adecuada para
la avena coloidal y la pramoxina, existiendo opiniones
contrapuestas sobre el efecto tópico de la difenhidramina.
Respecto al uso de corticoides en áreas extensas
de piel somos de la opinión que hay que usarlos
con cuidado mientras no se demuestre fehacientemente su
inocuidad a nivel sistémico.
Kwochka (1997) afirma que la combinación
de ácidos grasos esenciales orales, antihistamínicos
per os, baños, y la prevención del contacto
con los alergenos, puede conseguir el control de un 30-40%
de los perros atópicos, sin necesidad de administrar
corticoides; según este autor el control disminuye
a la mitad de los pacientes cuando no se utilizan baños.
USO DE BAÑOS EN LA
PRÁCTICA
Evidentemente, en la clínica
diaria los pacientes no presentan procesos tan concretos
como los detallados en los párrafos anteriores.
Cuando se presenta una dermopatía, ésta
es el sumatorio de distintas condiciones, por lo que normalmente
no se puede escoger un champú fácilmente,
sino que frecuentemente debe seleccionarse más
de uno.
Como ejemplo valga un supuesto caso
de sarna demodécica generalizada. En la mayoría
de los casos el perro presentará cuando menos una
foliculitis estafilocócica secundaria y cierto
grado de seborrea, frecuentemente seca; y usualmente pododermatitis.
En este caso está recomendado
el uso de baños con amitraz como acaricida pero,
como la sarna demodécica es un proceso folicular,
previamente a la aplicación del mismo puede ser
útil bañar al animal con un champú
a base de peróxido de benzoílo, que además
favorecerá la resolución del proceso estafilocócico.
Sin embargo la utilización de peróxido de
benzoílo puede resecar mucho la piel, por lo que
habrá que acompañarlo de algún hidratante.
Evidentemente la aplicación de fomentos antisépticos
y acaricidas en los pulpejos es fundamental para la curación
del paciente.
CONCLUSIÓN
Dos son las conclusiones que se
pueden destacar sobre el uso de baños en estos
procesos cutáneos:
Esta terapia es, cuando menos,
un complemento importante en la curación o en el
control de la enfermedad.
Tal como describió Halliwell en 1991 para los champús
antiseborreicos, la correcta elección de uno u
otro para un caso concreto, es tanto un arte como una
ciencia.
LECTURAS
RECOMENDADAS
Guaguere
E. (1996) Topical treatment of canine and feline pyoderma.
Vet Dermatol, 7, 145-151.
Halliwell REW. (1991) Rational use of shampoos in veterinary
dermatology. J Small Anim Pract, 32, 401-407.
Kwochka KW. (1994) Terapia tópica sintomática
de los desórdenes descamativos. En: Griffin CE,
Kwochka KW, MacDonald JM. Enfermedades dermatológicas
del perro y el gato. Ciencia y arte de la terapéutica.
Buenos Aires: Inter-Médica, 225-237.
Kwochka KW. (1997) Champúes y enjuagues humectantes
en dermatología veterinaria. En: Bonagura JD, ed.
Terapéutica veterinaria de pequeños animales
de Kirk. 12ª ed. México: McGraw-Hill Interamericana,
638-642.
Scott DW, Miller WH Jr, Griffin CE. (1995) Dermatologic
therapy. En: Muller & Kirk's small animal dermatology.
5ª ed. Philadelphia: WB Saunders, 174-277.
Shanley KJ. (1990) The seborrheic disease complex. An
approach to underlying causes and therapies. Vet Clin
North Am: Small Anim Pract, 20, 1557-1577. |